La problemática
asociada al despliegue de red móvil en general y a la ubicación y
funcionamiento de antenas de telefonía móvil en particular, constituye
actualmente un motivo de preocupación creciente para los diversos
agentes implicados (sector, gobierno, regulador, administraciones
locales y población).
En el presente
artículo se hará un breve repaso sobre los motivos principales y las
negativas repercusiones que genera esta conflictiva situación, para
finalmente describir una propuesta de solución para la región
latinoamericana, basada en las mejores prácticas a nivel mundial.
El objetivo es
concienciar a las diversas partes involucradas (especialmente a las
distintas autoridades de Latinoamérica) sobre la necesidad de poner en
marcha nuevas iniciativas de diálogo y cooperación conducentes a
mejorar una situación que, de lo contrario, será cada vez más difícil
de manejar (tal y como ha ocurrido, por ejemplo en Europa en los
últimos años)
Entre las causas
más comunes que han generado la problemática existente, podemos
apuntar las siguientes:
·
Alarma social:
es el resultado de una secuencia de hechos. El propio crecimiento
explosivo del mercado ha conducido a un aumento significativo del
número de antenas necesarias para cubrir la demanda de servicios
móviles. Su impacto visual y sobre todo, la falta de información de la
ciudadanía sobre el funcionamiento y características de las emisiones
de las antenas (totalmente inocuas según muestra la evidencia de los
miles de estudios científicos realizados hasta el momento) provoca
incertidumbre y alarma social
·
Conflictos derivados de la
dispersión de competencias, falta de uniformidad y estabilidad
normativa. Estos aspectos se concretan
en:
-
Conflictos de competencia
entre autoridades centrales (Gobierno) y Administraciones
territoriales, relativos a límites de emisión, uso y calificación de
suelos, urbanismo, disparidad de aplicación de tasas locales etc.)
-
Múltiples normativas sometidas a
constantes cambios y proliferación de nuevas ordenanzas municipales
(procedimientos y requisitos para la concesión de autorizaciones,
limitación de alturas y distancias,
mecanismos de supervisión, control y
monitorización, nuevos estudios de impacto medio ambiental…)
-
Dispersión de competencias entre
autoridades centrales de planeación, salud, medio ambiente,
telecomunicaciones, aeronáutica y seguridad nacional, lo que genera
una fuerte burocracia legislativa y administrativa
Es evidente, por
otra parte, que dicha problemática tiene un impacto directo y muy
significativo sobre la sociedad y el desarrollo de la economía
de los países de Latinoamérica. Algunas de las consecuencias que
podemos citar son:
-
La falta de información de
la población genera desconfianza en el progreso tecnológico:
aparecen “héroes” políticos y grupos de interés que
supuestamente “protegen y defienden” a la sociedad de un riesgo
inexistente
-
La alarma social supone un
fuerte obstáculo para el emplazamiento de nuevos sites y provoca en
ocasiones una depreciación del valor de los inmuebles que en nada
favorece a la población
-
Se produce un importante
incremento del coste para los operadores (alargamiento excesivo de
los plazos de obtención de licencias y permisos, desmantelamientos,
reubicaciones). En el caso de Alemania por ejemplo, dicho coste está
valorado en 2.500 millones de dólares anuales
-
Se genera una gran
inseguridad jurídica, ante la falta de un único organismo
(interlocutor) competente en la materia al que acudir en caso de
conflicto
-
El grado de calidad del
servicio se ve negativamente afectado y, lo que es más grave, se
compromete el desarrollo de los proyectos de acceso universal y la
Sociedad de la Información ante la imposibilidad de aumentar la
cobertura
-
Como colofón, a nivel
regional, se producen desequilibrios territoriales,
disminución de la competitividad y un retraso tecnológico frente a
otras regiones del mundo en las que la situación es claramente mucho
menos conflictiva (Asia)
Habida
cuenta de los aspectos analizados hasta el momento, se hace patente la
necesidad de articular mecanismos que permitan resolver estos
conflictos de forma consensuada y razonable.
Una de las
propuestas que más aceptación está teniendo, debido al éxito que poco
a poco está cosechando en diversos países (por ejemplo España)
consiste en la elaboración y el compromiso de cumplimiento tanto por
parte de los operadores como de las distintas autoridades de un Código
de Buenas Prácticas para el despliegue de red.
Dicho código
surge precisamente ante la necesidad de
alcanzar acuerdos que posibiliten el
establecimiento consensuado de criterios técnicos, medioambientales,
urbanísticos y normativos para favorecer el desarrollo ordenado de la
red de telefonía móvil.
En él se recogen,
a modo de guía de actuación, las pautas y principios básicos que van a
facilitar, por un lado, la resolución de conflictos existentes y, por
otro, la no aparición de nuevos focos de conflictividad, centrando la
atención en temas tales como la definición de un procedimiento único
de instalación, la compartición de infraestructuras, la integración de
las antenas en el entorno, el control de emisiones, los canales de
comunicación puestos a disposición de la población o la puesta en
conocimiento a los municipios de los planes de despliegue de los
operadores.
No obstante, el
hecho de compartir un código de buenas prácticas al que, en aras de
obtener resultados satisfactorios, deben adscribirse todos los
operadores móviles (representados normalmente por una Cámara
Sectorial), los municipios y el gobierno, no es de por sí una garantía
de éxito.
Para que los
principios que se recogen en dicho documento sean realmente aplicados,
es imprescindible la creación de un Comité de Cooperación y
Seguimiento en el que estén representados todos los agentes, que haya
sido constituido de forma oficial por el Gobierno. Dicho Comité debe
servir como marco de diálogo y entendimiento para proponer a un órgano
ejecutivo encargado de tomar las decisiones oportunas, el abanico de
opciones propuesto para solucionar los diversos conflictos presentes
en cada momento.

El Comité
de Cooperación y Seguimiento tomaría el Código de Buenas Prácticas
como guía de directrices generales a las que ceñirse y tendría
atribuciones fundamentalmente en las siguientes áreas:
-
Delimitación de competencias
-
Armonización de normativas a
nivel nacional
-
Comunicación Institucional por
parte de las Autoridades y gestión del riesgo en situaciones de
alarma social (conforme a las pautas indicadas por la OMS, por
ejemplo)
Es finalmente conveniente que
dicho Comité cuente además con el asesoramiento en materia de salud de
un Comité Científico formado por instituciones y/o expertos
independientes de reconocido prestigio que, siguiendo siempre las
líneas marcadas por la evidencia científica contrastable, ayude al
Comité de Seguimiento a definir el contenido de los necesarios planes
de comunicación ciudadana.
Como última consideración, cabe
recalcar la importancia de actuar lo antes posible para estructurar
mecanismos de cooperación similares al descrito: la experiencia
muestra que la pasividad en el tiempo, es decir, la falta de
iniciativas de este tipo o el retraso en la puesta en marcha de las
mismas, termina por generar conflictos más complicados de resolver.
David Gómez Campal
Gerente de Estrategia Regulatoria
Telefónica Móviles Corporación España