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La intervención regulatoria en
industria de redes (electricidad, gas, agua y
transporte) está basada en la idea que, en algunas
circunstancias, los mecanismos de mercado funcionan
incorrectamente desde la perspectiva del interés de
los usuarios y toda la comunidad. Una de las
situaciones donde esto ocurre con certeza es cuando
sobreviven condiciones de monopolio natural. Este
principio de regulación tiene validez en tanto las
condiciones de costos necesarias para dar lugar a
dicha estructura de mercado, se verifiquen.
Sin embargo el principio de
intervención es más difuso en el contexto de
industrias con rápido cambio tecnológico como son
las telecomunicaciones y otras actividades que,
debido a esos cambios ahora son conexas o inmersas
en un proceso denominado convergencia . En el
siguiente gráfico proponemos un esbozo de la
configuración de la industria de las
telecomunicaciones y algunas problemáticas asociadas
al cambio tecnológico.
El carácter difuso al que hacemos
referencia está vinculado tanto con los objetivos
que debería perseguir la regulación tanto como si
esos objetivos pueden o no ser alcanzados por las
fuerzas del mercado. Asimismo, la intervención en
circunstancias de cambios tecnológicos ponen en duda
cuáles son los mejores instrumentos a aplicar
(control de tarifas, licencias, entre otros).

Parte de la incertidumbre que se
observa en el debate regulatorio de las industrias
ligadas a las telecomunicaciones, en cualesquiera de
sus formas, se debe a que están inmersas en una
profunda integración tecnológica y comercial con la
de servicios de información (entre las que se
destacan los “medios de comunicación”) gracias a los
avances técnicos alcanzadas en las últimas décadas.
En otras palabras, el debate regulatorio de la
convergencia se debe a que entre éstas no sólo
tiende a haber una matriz tecnológica común, como
explicaremos en breve, sino que influyen el
desarrollo económico de manera muy similar y
conjunta, y, que es difícil -sino imposible- separar
la influencia individual. Esto vuelve arduo y no
fructífero, pensar en un esquema normativo que
independice una industria de otra.
Las actividades a las que hacemos
referencia y que están afectadas por la convergencia
se denominan TICs que comprende a las
telecomunicaciones, sistemas de información y medios.
Por otro lado, las industrias comprendidas en esta
definición de TICs afectan la productividad de la
economía a la vez, con lo cual recobra aún más
sentido la expresión convergencia. En primer lugar,
las TICs inducen el cambio tecnológico especialmente
a través de la “revolución digital” creando nuevas
industrias productoras de bienes y servicios. En
segundo lugar, las TICs permiten una dispersión de
información más rápida y barata a través de la caída
del costo de procesamiento y del aumento en la
capacidad y velocidad de transporte. Finalmente, las
TICs permiten un acceso al conocimiento más fluido
dado que, por ejemplo, permiten nuevas formas de
educación como la formación a la distancia.
Las redes proveedoras de
servicios convergentes son un elemento esencial a la
infraestructura de las economías modernas así como
la red vial, puertos, etcétera lo son para la
economía tradicional. Determinan muchos aspectos de
la actividad económica de un país: los procesos
productivos, el desarrollo de nuevas instituciones y
el cambio organizacional. Efectivamente, estas redes
son frecuentemente comparadas con las redes de
transporte tradicionales respecto de su rol en el
crecimiento y desarrollo. Con la tecnología de
transporte tradicional el aumento de la
infraestructura fue un fenómeno incremental y
progresivo, pero las TICs proveen un camino más
veloz para alcanzar la ubicuidad dado que actúan en
múltiples dimensiones acortando distancias y tiempos.
Además existe otro aspecto a
destacar que diferencia la experiencia entre ambos
tipos de infraestructura. La integración de redes de
transporte terrestre es, aún, sólo parcial, a pesar
de décadas de desarrollo. El diseño de las mismas
sigue siendo un tema de control eminentemente
nacional. La integración de redes de comunicaciones
tiene una dimensión internacional que aquellas no
muestran. Las posibilidades actuales de conectividad
y por lo tanto de integración social y cultural son
activos importantes de las nuevas tecnologías nunca
antes alcanzadas.
En los sistemas de transporte el
cambio tecnológico yace fundamentalmente en los
vehículos y entonces se difunde en el resto de la
red: mejores y más eficientes vehículos mejoran el
sistema como un todo. Por contraste, el cambio
tecnológico en las redes de servicios convergentes
está tanto en las propias redes como en los
servicios y contenidos.
Una interesante consecuencia de
esta fenomenología es que lleva a redefinir el
sentido exacto de la palabra “servicio” lo cual
entre otras manifestaciones implicará una revisión
de lo que se entiende por “servicio universal” .
En virtud de esta nueva situación,
existe cierto consenso que estamos en presencia de
un cambio de paradigma regulatorio y así han actuado
en consecuencia muchos de los países más avanzados
actualizando su normativa. Este nuevo paradigma
tiene un pilar fundamental que es la redefinición de
servicios y productos que integran la industria, es
decir la aceptación formal de la redefinición de la
industria como un todo.
El viejo esquema de licencias se
ajustó normalmente a una serie de servicios
específicos, por ejemplo, el servicio móvil celular
o el de acceso a la Internet. Esto hizo que se
otorgasen licencias atendiendo al servicio o a las
tecnologías propuestas, servicios y tecnologías que
representaban una fase dada de la evolución del
mercado. La tendencia mundial sugiere que muchos
reguladores consideran que la concesión de licencias
demasiado prescriptivas va en contra de la
flexibilidad que los operadores necesitan para
ajustar sus servicios a la demanda. Por ello, es
cada vez mayor el número de instancias decisorias y
reguladores que reorganizan sus regímenes de
concesión de licencias y reglamentación, haciéndolos
más flexibles e incluyentes, para facilitar el
proceso de convergencia y permitir así que los
operadores proporcionen servicios innovadores
utilizando las tecnologías más recientes.
Ya existe evidencia contundente
de cómo muchos países adaptaron sus normas al nuevo
entorno o están en camino a hacerlo. Al liberalizar
sus mercados TIC en las últimas dos décadas, estos
gobiernos introdujeron nuevos tipos de licencias
para suministrar servicios avanzados y competitivos.
En efecto, según cifras de la ITU
para el año 2003 , el 9% de los países de África ha
adoptado una legislación sobre convergencia y el 57%
prevé hacerlo; En América las cifras son,
respectivamente, de 21% y 47% mientras que para los
países Árabes son 10% y 40%. En el caso de los
países del área Asia-Pacífico el 12% ya tiene
normativa adaptada y un 41% planea hacerlo en el
corto plazo. En Europa, donde rige un marco
normativo supranacional ya adaptado, el 43% de los
países tienen reconocimiento explícito de la
integración entre las tecnologías de comunicaciones
y de información. Seguramente estas cifras son más
elocuentes en la actualidad dado que una porción
importante de los países que estaban en el año 2003
por modificar sus normas, ya lo han hecho efectivo.

El breve repaso de los cambios
acaecidos en los últimos dos años a nivel
internacional, revela que el proceso adaptativo es
inevitable y que aquellos países que aceleran la
actualización cuentan con más posibilidades de
apropiarse de las ventajas del nuevo modelo de
industria que incorpore actividades de
comunicaciones y medios.
Lamentablemente varios países de
la región carecen de una legislación acorde a estas
circunstancias y tendencias, lo cual afecta sus
posibilidades de evolución futura. El marco
regulatorio de las telecomunicaciones y de
actividades vinculadas como las de radiodifusión
tienen una estructura y lógica regulatorias
divergentes. Las definiciones admitidas por la
legislación no permiten, entonces, asimilar los
cambios estructurales frutos de las nuevas
tecnologías.
Esta situación por si misma
representa un obstáculo al desarrollo pero aún más
cuando resulta en reglas asimétricas que admiten la
integración comercial de servicios bajo algunas
plataformas tecnológicas y no en otras.
Este trabajo intenta explicar las
razones fundamentales desde el punto de vista
tecnológico y regulatorio que sustentan el proceso
de convergencia, su significado y sus consecuencias.
Nota del Editor: en el próximo número de info
@ CITEL se verá la continuación de este informe.
Ignacio Luis Bergallo
Gerente de Relaciones Regulatorias
Telefónica de Argentina
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